El gobierno de los Estados Unidos, bajo la dirección del Secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., ha lanzado una ambiciosa iniciativa para investigar las causas del autismo, describiéndolo como una “epidemia prevenible” atribuida a factores ambientales. Pretenden desvelar los misterios y mitos del autismo.
El Gobierno de EE.UU. quiere descubrir qué causa el autismo

Y para ello, el primer paso ha sido la creación de un registro nacional de autismo. Este registro corre a cargo del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), en colaboración con los Institutos Nacionales de Salud (NIH).
Este registro recopilará datos médicos privados de diversas fuentes, incluyendo registros de seguros, farmacias, dispositivos portátiles y datos genómicos, con el objetivo de proporcionar una plataforma de datos integral para la investigación del autismo y otras enfermedades crónicas.
En base a esa información iniciarán una investigación, de la que no hay demasiada información, ya sea en cuanto a la metodología o protocolos que van a seguir. Y con esa información, se supone, van a averiguar los factores relacionados como desencadenantes del autismo. Que si lo hacen les dan el Nobel de Medicina como poco.
Y para ello se pusieron un plazo, Septiembre de 2025. Aunque posteriormente han rectificado y ahora dicen que desean tener los primeros resultados en septiembre, y que necesitarán de más tiempo para obtener respuestas.
Financiación y acceso a los datos. El NIH ha destinado 50 millones de dólares para esta iniciativa, que permitirá a hasta 20 grupos de investigación acceder a los datos recopilados. Sin embargo, se han planteado preocupaciones sobre la privacidad de los datos y el acceso limitado para investigadores externos.
¿Y qué van a buscar? Pues se van a centrar en factores ambientales principalmente. Kennedy sostiene que el aumento en los diagnósticos de autismo se debe mayoritariamente a exposiciones ambientales, como toxinas en alimentos, medicamentos y contaminantes, minimizando el papel de los factores genéticos. Obviamente también han hablado de las vacunas. Aunque están siendo bastante cuidadosos en no dar demasiada publicidad a este punto.
¿Quién va a liderar esta investigación?

El Dr. Walter M. Zahorodny, quien es profesor asociado de pediatría en la Escuela de Medicina de Rutgers New Jersey (NJMS) y director del Estudio de Autismo de Nueva Jersey. Durante más de dos décadas, ha participado activamente en el Autism and Developmental Disabilities Monitoring Network (ADDM) de los CDC, contribuyendo a la vigilancia nacional de la prevalencia del autismo.
En abril de 2025, el Dr. Zahorodny participó en una conferencia de prensa junto al Secretario Kennedy para presentar los últimos datos del ADDM, que indican un aumento en la prevalencia del autismo en EE.UU., pasando de 1 en 36 niños en 2020 a 1 en 31 en 2022. Este incremento ha sido calificado por Kennedy como una “epidemia prevenible”.
Perspectiva científica
El Dr. Zahorodny ha enfatizado que el aumento en los diagnósticos de autismo se debe en gran medida a mejoras en las herramientas de diagnóstico, criterios más amplios y una mayor conciencia pública, en lugar de una nueva epidemia ambiental.
Ha advertido que centrarse exclusivamente en factores ambientales podría desviar recursos de servicios esenciales y perpetuar estigmas hacia las personas con autismo.
En resumen, aunque el Dr. Zahorodny desempeña un papel clave en la nueva iniciativa federal sobre el autismo, mantiene una postura crítica respecto a algunos de sus enfoques y plazos, abogando por una investigación basada en evidencia científica y centrada en mejorar la calidad de vida de las personas con autismo.
Recortes presupuestarios en servicios de atención a la discapacidad
Simultáneamente, se han propuesto recortes presupuestarios en servicios para personas con discapacidades, incluyendo educación y programas de apoyo, lo que ha generado alarma entre las comunidades afectadas y los defensores de los derechos civiles. Lo cual no deja de ser absolutamente contradictorio.
Estas incongruencias entre el discurso político, la ciencia y la realidad dejan clara una cosa. Que cada cual dispara en una dirección diferente, muy probablemente en función de sus propios intereses.
La Comisión “Make America Healthy Again” (MAHA)
En febrero de 2025, el Presidente Trump estableció la Comisión “Make America Healthy Again” (MAHA), dirigida por el Secretario Kennedy, con el objetivo de abordar enfermedades crónicas infantiles como el asma, enfermedades autoinmunes y el autismo. La comisión tiene el mandato de desarrollar estrategias para mejorar la salud infantil, enfocándose en el uso excesivo de medicamentos y el impacto de ciertos ingredientes alimentarios y químicos.
Que a priori no suena mal, y teniendo en cuenta que la salud general de los ciudadanos de los EE.UU. es bastante mala, pues cualquier política destinada a la mejora de la salud debe ser bienvenida. Aunque cuando estás políticas se basan en ideologías políticas, lo normal es que no acaben bien.
Los cazadores de mitos (y fantasmas) del autismo
Y es que todo este movimiento, que a priori debería ser algo tremendamente interesante, tiene pinta de que lo único que va a aportar son más sombras que luces. Aunque, ojalá me equivoque. Pero es que los temas que van a abordar son poco menos que absurdos. Y empecemos con la caza de mitos, aunque no sabía si designarlos como cazadores de mitos o caza fantasmas. Insisto, ojalá yo esté equivocado.
Las vacunas causan autismo y David Geier
La designación de David Geier por parte del Secretario de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., Robert F. Kennedy Jr., para liderar una investigación federal sobre la relación entre vacunas y autismo ha generado una fuerte controversia.
David Geier es conocido por su activismo antivacunas y por promover la muy desacreditada teoría que vincula las vacunas con el autismo. Junto a su padre, el Dr. Mark Geier, ha publicado estudios que sugerían que el conservante tiomersal, presente en algunas vacunas, podría estar relacionado con el desarrollo del autismo. Sin embargo, estos estudios han sido ampliamente criticados por la comunidad científica debido a serias deficiencias metodológicas y han sido rechazados por instituciones médicas de renombre.
En resumen, la elección de David Geier para liderar esta investigación ha sido ampliamente criticada por su falta de credenciales médicas, su historial de prácticas cuestionables y su promoción de teorías desacreditadas, lo que plantea serias dudas sobre la objetividad y validez de los resultados que pueda arrojar esta iniciativa.
Pero obviemos al Sr. Geier, para no incurrir en una Falacia ad hominem. El hecho de que durante 25 años se hayan realizado innumerables estudios científicos buscando esa conexión y que no hayan encontrado nada, no parece ser algo suficiente para convencerlos. O incluso el hecho de que niños que no fueron vacunados también fueron diagnosticados con autismo.
En este caso no sé si buscan desvelar un mito o están buscando fantasmas. Lo que sí que no es ni un mito ni un fantasma es la epidemia de sarampión que tiene EE.UU., y eso sí es preocupante.
La epidemia del autismo
Según la RAE la definición de epidemia es: “Enfermedad que se propaga durante algún tiempo en una zona y afecta simultáneamente a gran número de personas”. Que es lo que, como acabamos de apuntar, hay en EE.UU. pero con el sarampión.
Sobre la prevalencia del autismo en los EE.UU. y su comparación con el resto del mundo ya lo abordamos aquí: La prevalencia del autismo en EE.UU. a examen. Y queda claro que, o bien en EE.UU. tienen un problema gravísimo, que solo tienen ellos en todo el mundo, o sus conclusiones son altamente discutibles.
Y claro, el autismo no es una enfermedad. Que es algo que ya aclaramos en el 2012 y en el 2018. Así que, lo de la epidemia, pues otro mito o fantasma, según prefieran.
Tóxicos y pesticidas
Dicen que hay tóxicos y pesticidas involucrados en las causas del autismo. Pues sí, pero no solo en el autismo. En muchas cosas más relacionadas con la salud y el medioambiente. La evidencia es enorme.
Y bueno, hace muy poco he publicado el artículo “Pesticidas y tóxicos: El impacto en el neurodesarrollo y el autismo”, pero es que sobre tóxicos y trastornos del neurodesarrollo empecé a publicar en el año 2009, sobre un estudio bastante interesante. Pero si quieren saber más, pulsen aquí -> TÓXICOS y AUTISMO. Me parece que con este tema van tarde ya.
En resumen, que acaban de descubrir que el agua moja. Aunque dudo mucho que el sector agroindustrial y químico vaya a colaborar en nada, es más, tapará adecuadamente todo información al respecto ¿Imaginan la barbaridad de millones que tendrían que pagar en indemnizaciones?
Fármacos
Kennedy también ha anunciado una iniciativa para investigar la administración de fármacos y su posible relación con el autismo. Sin embargo, no ha proporcionado detalles específicos sobre qué medicamentos o aditivos alimentarios se examinarán en el estudio.
Pero si quieren saber más sobre fármacos y autismo, también en Autismo Diario hemos publicado hasta el hartazgo. Principalmente contra el uso de fármacos psiquiátricos en el autismo.
Que, aunque un tiempo atrás, decían que el risperdal o risperidona era estupendo para el autismo, hoy en día ya está más que claro que el uso de antipsicóticos no solo no resuelve nada, sino que empeora. Y esto ni siquiera es novedad.
Si quieren saber más sobre fármacos y autismo, hagan clic AQUÍ. Y podrán informarse en profundidad sobre este tema. Me parece que con este tema también van tarde.
Aditivos alimentarios
Y sobre aditivos alimentarios, pues más de lo mismo. Es importante recalcar que muchos de los aditivos alimentarios de uso común en los EE.UU. están prohibidos en Europa por sus riesgos en la salud.
Así que nuevamente han descubierto que el agua moja. Que los fármacos presentan efectos no deseados y que determinados aditivos son malos para la salud. Seguro que el sector farmacéutico y de alimentación estará encantado de apoyar al Sr. Kennedy y su equipo de investigación.
Pero si el equipo del Sr. Kennedy necesita ayuda, no hay ningún problema, aquí le pongo algunos aditivos alimentarios que se usan en los EE.UU. y que están prohibidos o fuertemente regulados en Europa:
Dióxido de titanio (E171)
- Uso: Colorante blanco en productos como chicles, confitería y productos horneados.
- Prohibición en la UE: Desde agosto de 2022, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) concluyó que no puede considerarse seguro como aditivo alimentario debido a posibles efectos genotóxicos, es decir, la capacidad de dañar el ADN.
Colorante rojo nº 3 (E127 o eritrosina)
- Uso: Colorante sintético utilizado en productos de repostería y confitería.
- Prohibición en la UE: Su uso está estrictamente regulado y limitado a ciertos productos, como cerezas en conserva. En EE. UU., la FDA revocó recientemente su autorización para uso en alimentos y medicamentos ingeribles debido a estudios que lo vinculan con cáncer en animales.
Bromato de potasio
- Uso: Mejorador de la harina en productos de panadería.
- Prohibición en la UE: Prohibido por su potencial carcinogénico. En EE. UU., aún se utiliza en algunos productos, a pesar de las preocupaciones sobre su seguridad.
Aceite vegetal bromado (BVO)
- Uso: Emulsionante en bebidas cítricas.
- Prohibición en la UE: Prohibido debido a estudios que sugieren que son bioacumulables y causar efectos adversos. En EE. UU., su uso está permitido en ciertas cantidades.
Propilparabeno
- Uso: Conservante en productos horneados y snacks.
- Prohibición en la UE: Prohibido por su potencial disruptor endocrino, es decir, su capacidad para interferir con las hormonas. En EE. UU., su uso está permitido en alimentos.
Aditivos de sabor ahumado
- Uso: Aromatizantes en productos como carnes, quesos y snacks.
- Prohibición en la UE: La Unión Europea ha prohibido ocho aditivos de sabor ahumado debido a riesgos potenciales para la salud, incluyendo daños en el material genético.
Vamos, que en esto también van tarde.
Ultrasonidos prenatales o ecografías
Hubo una teoría que afirmaba que las ecografías podían dañar el cerebro del feto. Y este hecho podía estar involucrado en el autismo y el aumento de casos. Se llevaron a cabo diferentes estudios, y la verdad es que los estudios que evalúan la asociación entre las ultrasonidos prenatales y el trastorno del espectro autista (TEA) han producido en gran medida resultados negativos.
Si revisan los estudios de los últimos 5 años sobre este particular, todos llegan a la misma conclusión. No han podido establecer una relación directa. Y esta, al igual que otras muchísimas teorías que se han estudiado, y que no han llegado a nada, finalmente se abandonan. Y es que hay más de 150 estudios que han abordado este tema, y no se ha podido establecer una relación. Así que este es otro mito, que ha sido rescatado de la tumba por los caza fantasmas.
El Moho
Algunos estudios han sugerido una posible asociación entre la exposición al moho y un mayor riesgo de desarrollar autismo, especialmente cuando la exposición ocurre durante el embarazo o en la primera infancia.
Por ejemplo, una revisión sistemática identificó 11 estudios que exploraban mecanismos moleculares relacionados con la exposición a micotoxinas (toxinas producidas por ciertos mohos) y el autismo, encontrando posibles vínculos en casi todos ellos. https://www.eurekaselect.com/article/109303
Se han propuesto varias hipótesis sobre cómo la exposición al moho podría influir en el desarrollo neurológico:
- Neurotoxicidad de las micotoxinas: Algunas micotoxinas pueden afectar el sistema nervioso central, interfiriendo con el desarrollo cerebral normal. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29880330/
- Inflamación y disfunción inmunológica: La exposición al moho puede activar células inmunitarias como los mastocitos, liberando citocinas proinflamatorias que podrían afectar el cerebro en desarrollo. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29880330/
- Alteraciones en el eje intestino-cerebro: El moho puede alterar la microbiota intestinal, lo que a su vez podría influir en la función cerebral y el comportamiento. https://www.crossrivertherapy.com/autism/does-mold-cause-autism
Sin embargo, es importante destacar que la evidencia actual no establece una relación causal directa entre la exposición al moho y el desarrollo del autismo. Los estudios existentes presentan limitaciones, como tamaños de muestra pequeños y diseños observacionales que no permiten inferir causalidad.
La relación entre la exposición al moho y el desarrollo del autismo es un área de investigación en evolución. Si bien algunos estudios sugieren una posible asociación, no existe evidencia suficiente para establecer una conexión causal. Se necesitan investigaciones más amplias y rigurosas para comprender mejor este posible vínculo.
En resumen, la teoría de que la exposición al moho contribuye al desarrollo del autismo es débil en este momento. No hay suficiente evidencia empírica fuerte, ni replicación en estudios amplios, como para considerar esta hipótesis más que especulativa o, en el mejor de los casos, incipiente. La investigación continúa, pero no debe equipararse con factores de riesgo mucho más estudiados y robustamente establecidos, como la exposición a pesticidas organofosforados, contaminación del aire o metales pesados.
En este caso al menos ni era un mito, ni una ida de cabeza de nadie.
La genética no tiene nada que ver o no es relevante
El Sr. Kennedy, en su conferencia de prensa del día 16 de abril del 2025, minimizó los efectos de la genética, ya que, según él, la genética no crea epidemias, y, nuevamente según él, el autismo es una epidemia y además una enfermedad prevenible.
“Los genes no causan epidemias. Pueden generar vulnerabilidad. Se necesita una toxina ambiental.” Robert F. Kennedy Jr.
Obviamente el Sr. Robert F. Kennedy Jr., y por extensión sus asesores, no tienen ni idea de lo que hablan, ni saben de autismo, ni saben de epidemiología, ni de tóxicos, ni de salud, ni de nada de lo que se supone deben gestionar. Esto es una conclusión obvia, y ahora veremos porqué.
En junio de 2012 publicaba el artículo “La epigenética y las causas del autismo”, que parece responder a casi todas las cuestiones que hoy tiene el Gobierno de los EE.UU., claro que fue escrito hace nada más y nada menos que 13 años. Y ya ahí se explica la relación que existe entre la genética y el medioambiente, pero si quieren algo más reciente tienen el que ya se citó previamente en la parte de tóxicos y pesticidas “Pesticidas y tóxicos: El impacto en el neurodesarrollo y el autismo” que también explica el porqué la genética sí está relacionada.
Y si desean saber por qué la genética es tan relevante, pues aquí tienen más información à https://autismodiario.com/etiquetas/genetica/
Conclusiones
La iniciativa lanzada por el gobierno estadounidense bajo el liderazgo de Robert F. Kennedy Jr. para investigar las causas del autismo, más que una revolución científica, parece —por el momento— una operación política, mediática y profundamente ideologizada. Su aproximación, basada en la idea de que el autismo es una “epidemia prevenible”, se sustenta en premisas erróneas, teorías desacreditadas y una confusión entre correlación, causalidad y construcción estadística.
El nombramiento de figuras como David Geier, conocido por su historial de pseudociencia y sanciones legales, y la insistencia en explorar mitos como las vacunas, los ultrasonidos prenatales o el moho como causas principales del autismo, sugiere que este programa está menos interesado en producir ciencia rigurosa y más en confirmar sesgos preconcebidos.
Peor aún, al desviar la atención de líneas de investigación sólidas —como la genética, la epigenética o los factores ambientales bien documentados como los pesticidas y los contaminantes atmosféricos— se corre el riesgo de estigmatizar aún más a las personas con autismo y de malgastar recursos públicos.
La ciencia no necesita cazadores de mitos ni salvadores carismáticos, necesita rigor, transparencia, replicabilidad y humildad. Ya disponemos de evidencia suficiente que muestra que el autismo es un trastorno del neurodesarrollo con una base genética sólida, en interacción con factores ambientales. Negar esta complejidad para imponer narrativas simples es, como mínimo, irresponsable.
Finalmente, resulta contradictorio y profundamente cínico promover una cruzada por la salud infantil mientras se recortan servicios para personas con discapacidad. Si lo que realmente se desea es mejorar la vida de las personas con autismo, no hace falta inventar nuevas causas o rescatar fantasmas del pasado: hace falta garantizar derechos, apoyos, inclusión y respeto.
Una reflexión
Obviando las poco acertadas declaraciones del Sr. Kennedy al respecto del autismo y de las capacidades que tienen las personas en el espectro -que quiero pensar no eran malintencionadas, pero si desafortunadas-, deja claro que su conocimiento no solo es limitado, sino que habla de oídas.
Más parece que se haya informado en una reunión de amigos en un bar que de una forma seria. En una cosa así, esperas seriedad y rigor, porque el tema lo amerita.
Sí creo que es bueno que se lancen iniciativas para investigar, aunque me parece que aquí están dando palos de ciego. Y es que, como hemos visto, ya en el 2012 en Autismo Diario hablábamos de casi todos los factores que parece ser que acaban de descubrir. Vamos, que justo el otro día se cayeron del árbol.
Al final, lo bueno es que se habla de autismo, lo malo es que, por una parte, nos echan 20 años atrás, y por la otra devalúan las necesidades reales de las personas con autismo.
Mi sensación es que salieron a cazar patos con una ametralladora y pretenden liarse a tiros con el cielo a ver, si con un poco de suerte, le dan a algo. Aunque, permítanme que insista, ojalá yo esté equivocado.
Quizá lo más preocupante de esta cruzada no es que se repitan mitos ya refutados o que se mezclen datos y creencias en un cóctel mediático, sino que se desperdicien oportunidades reales de avanzar.
El autismo no necesita salvadores, necesita aliados. Necesita ciencia, políticas públicas coherentes y personas dispuestas a escuchar a quienes viven con autismo, no a quienes lo usan como trampolín ideológico. Mientras algunos juegan a desmontar mitos que ya estaban desmontados, la vida sigue para millones de personas que esperan respuestas útiles, apoyos tangibles y respeto genuino. Que no se nos olvide: la causa del autismo puede no estar del todo clara, pero las necesidades de las personas sí lo están. Empecemos por ahí.
Descubre más desde Autismo Diario
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



