Día Internacional del Síndrome de Asperger, 2019, el año de Saturno

El lunes 18 de febrero de 2019 se celebra el Día Internacional del Síndrome de Asperger, así viene sucediendo desde hace doce años, cuando en el 2007 se celebró por primera vez.

El año pasado, hablábamos del año del cangrejo, ya que tras la desaparición como entidad propia del asperger en el DSM-5, ahora tocaba la desaparición en el CIE 11, se podrá estar más o menos de acuerdo con la integración del asperger en el espectro del autismo, como entidad que forma parte del espectro general, pero tal y como publicamos, el 2018 fue el año, no solo del cangrejo, también fue el año del Réquiem por el Síndrome de Asperger.

Y ya estamos en 2019, y parece que vivamos dentro de la película “El día de la marmota” (Groundhog Day), donde Bill Murray parecía no salir nunca del bucle espacio temporal en el que estaba, donde daba igual lo que hiciera, siempre seguía ahí, anclado en el mismo día.

Aunque la realidad es que el Asperger ha sido devorado por su padre, el todopoderoso espectro, al igual que Saturno devoraba a su hijo para evitar ser destronado en un futuro. Es curioso, que Saturno sea también un planeta llamado el rey de los anillos, y sobre eso ya hablamos aquí, Autismo vs Asperger y el diagnóstico: Ser o no ser, el dilema de la neurodiversidad.

Podemos dar mil y una razones para permitir ese acto de canibalismo parricida, y de otras mil para mostrar desacuerdo, pero al final, vamos directos a la política de hechos acontecidos, al igual que afirmó Julio César a cruzar el Rubicón, Alea iacta est, la suerte está echada.

Englobar a todo el colectivo en un solo bloque tiene muchas visiones, es como un cubo de mil caras, pero al final, con tantas caras va a ser complejo poder ver el prisma, y caemos en el peligro de ver una especie de bola extraña que no sepamos bien qué hacer con ella.

Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo (1819-1823)

Al final, el acto de Saturno devorando a su hijo por puro miedo y con tintes de egocentrismo y mesianismo, ya que el mismo Saturno había destronado a su padre, Urano, se convierte en una acción que presenta esas mil caras, saber acomodar este inmenso espectro de forma fiel es altamente complejo.

Recordemos también, que Júpiter, hijo de Saturno, fue salvado por su madre y acabó, finalmente, siendo el jefe de los dioses y destronó a su padre, tal y como él mismo había hecho previamente.

A parte de esta metáfora mitológica, la cuestión de fondo es que no podemos poner a todo el mundo bajo el mismo paraguas, aunque sí es cierto que hay aspectos comunes que al final se trabajan de forma común, pero eso son los aspectos sensoriales, lo demás, ya es harina de otro costal.

Quizá haya que empezar a sacar la intervención del ámbito de la pura conducta, y pasar a otros modelos de atención basados en las necesidades reales de la persona, porque al final, los juzgamos, sentenciamos y condenamos por ser, sencillamente, diferentes.

Y aunque hablamos mucho de derechos e igualdad, no olvidemos que vivimos en una sociedad donde todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros (Cita requerida: George Orwell, Rebelión en la granja), y esa igualdad diferenciada, no es más que un concepto social, contra el que luchar se hace bien complejo, es el ««Alea iacta est» de nuestra sociedad actual.

Romper la barrera de la igualdad para transitar en armonía en una sociedad diversa debe ser un objetivo, ya que no es solo cuestión de derechos, es cuestión de visión social. Pretender que todos seamos clones es imposible, pretender que las personas con asperger sean replicantes, no deja de ser una farsa social, una imposición.

Quizá debamos aprender a dejar ser a cada cual como es, sin ánimo de cambiar su conducta ni su pensamiento, tan solo dejarlo ser, y aceptarlo con naturalidad. Ojalá el año próximo sea distinto, aunque mucho me temo que de momento, Saturno sigue devorando a su hijo.

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